Introducción
La noche posterior al entierro de mi madre, maté a mi padre, no se si hice lo correcto, lo único que me preocupó en aquel momento era que la herida que le produjera le quemara tanto como el propio sol y creedme que así fue. Aquel fue mi primer acto criminal pero he de admitir que no fue el último. A los 18 años de edad poseo sobre mi conciencia más muertos que cualquier soldado que haya conbatido en una guerra, pero a estas alturas de mi vida apenas me importa, porque si para cambiar este país y sus absurdas leyes he de matar o extorsionar a todos los nobles e incluso al emperador, podreis creerme cuando afirmo que lo haré
capitulo 1
Cuando cruzamos las puertas de la muralla que protegía la ciudad de Hagi un sentimiento de abrumación sucumbió mi ser. Yo nunca había estado en una ciudad y mi reacción fuese exagerada pero aquella ciudad aparte de poseer las cualidades propias de una capital no solo del país sino del imperio poseía un contraste muy llamativo. En la zona próxima a las murallas se encontraba lo que los nobles denominarían la chusma de la ciudad: personas que viven en chabolas, viven de lo que cultivan y no tienen dinero ni para su propia comida debido a los exagerados impuestos del Emperador. Las angostas callejuelas de estos barrios como la calle principal de esta zona era de piedra poco pulida y suelta lo que dificultaba mucho el paso de vehículos no digamos caminar sobre él. Seguido a este barrio se encontraba el de los comerciantes, donde se apreciaba el primer contraste: Las casas ya no eran chavolas maltrechas, sino casas de gente más o menos rica y las calles eran más anchas y sus suelos eran de mármol perfectamente grabado y pulido. Además staba todo realmente limpio y había multitud de plantas, fundementalmente cerezos y plantas de sakuras perfectamente cuidadas. Por último el edificio que contrastaba con todo lo demás: El palacio imperial.
Capitulo 2
- Deberías dejarlo antes de que acabes colgada en la plaza central de la ciudad.
Maldita sea, pensé que la había dado esquinazo, Maya solía tener la costumbre de cuetionar mis actos muy amenudo y eso solía meguar mucho mi paciencia , pero había que decir que ella fue la única que intentó comprenderme ya que detrás de esos ojos grandes y dulces de un color marrón cobrizo y esa alegría inusitada que acompañaba a su aspecto mundano, se escondía un pasado casi tan turbio como el mío exceptuando el hecho de que Maya jamás había matado a nadie.
- Si alguien me decubre será por tu culpa- dije-¿ Cuántas veces te he dicho que no te pasees por aquí con colores tan vivos?- le eché en cara. Maya era propensa a vestir con yukatas rosas o azules celestes y tendía a llevar el pelo recogido y bastante adornado, lo cual para una sociedad donde una mujer es igual a un jarrón o un juguete sexual me parecía una estupidez.
- Ya se que tú sólo te pintas y te pones un kimono con un escote hasta el ombligo, cuando vas a...., bueno a trabajar- me respondió sarcasticamente y no puede evitar responder a esa afirmación con una sonrisa:
- Ya sabes que soy toda una profesional.
- ! No digas gilipolleces!- su semblante se enrrojeció de ira- Nadie va por ahí haciéndose pasar por la puta de los nobles para después matarlos de una forma cruel y despiadada- tras un breve silencio prosiguió-Hace ya mucho tiempo que mataste a tu padre para vengar la injusta muerte de la mujer que te dio la vida, ya cumpliste tu cometido, déjalo ahora que estas a tiempo.
- No hasta que las cosas cambien-dije imperturbable. Maya era absulutamente persistente pero yo era demasiado terca como para dar mi brazo a torcer.
En un último intento para hacerme entrar en razón usó su última baza:
- Pero el hombre... bueno más bien el chico que traían con ellos no es como los otros abuelos que han venido a darte caza, el es joven,de tu misma edad, pensará ingual que tu y....
-Y nada- la corté- Abre bien tus orejas- le dije mientras caminaba hacía el oscuro callejón y me giré para verla- Por el hecho de que hayan contratado a un general que no necesite un vaso para guardar su dentadura no significa que mis planes vayan a cambiar y si él se interpone en mi camino acabrá como acabaron los otros: En un hoyo bajo tierra- terminé con una mirada despiadada.
Capitulo 3
Llegamos a la puerta, adornada con dos grandes leones de mármol, cuya ferocidad había sido tan bien plasmada, que aprecía que estaban vivos. Justo en aquella puerta nos esperaba un hombre de avanzada edad, pelo canoso, de mediana estatura, vestido con una yukata sencilla de color gris. Nos saludó con una reberencia a la que yo respondí con el mismo gesto:
- Bienvenidos al palacio Imperial, ¿ me equivoco al pensar que usted es el señor Takeo?
- Gracias por su hospitalidad y si soy el general Shinoburo Takeo
- Bien- me respondió con una sonrisa- El Emperador le está esperando, sígame por favor.
Mientras caminabamos empecé a pensar en el motivo por el cual había sido contratado. Supuse que debía de ser un asunto de suma importancia ya que un simple general de publo jamas vería aquellos pasillos adornados con tapices hechos de hilo de oro o aquellos suelo realizados con la mejor madera o los maravillosos jardines inetriores con estanques de carpas, pequeños puentes y fuentecitas que formaban grandes cascadas de agua que centelleaba gracias a la luz que se filtraba desde los huecos del techo.
Tras recorrer largos y suntuosos corredores llegamso a las sala de audencias también conocida como la sala de "la Armonia Suprema" ya que todo lo que componía esa estancia estaba colocado siguiendo los principios del Chi. La sala de "la Armonia Suprema era la estancia más grande de todo el palacio. Su suelo hecho de la mejor madera de cedro que unos ojos habrían podido observar, en las pardes colgaban extensos tapices cuyos vivos y fulgurantes colores narraban batallas en las que antiguos emperadores habían salido victoriosos.
Mientras nos dirigíamos hacia al centro de la sala no pude evitar perderme en aquellso reflejos dorados y ese brillo deslumbrante hasta que un objeto en particular captó mi atención. Una estructura realizada en laca roja, tallada esquisitamente con paciencia y dedicacion, donde se hallaba sentado el Emperador, regidor de medio continente: Fu Ji Mao.
Capitulo 4
Me giré para dirijirle una mueca :
- Sabes que odio que me llames por ese nombre.
Persistente con su intento de hacerme rabiar prosiguió:
- Eso deberías de haberlo pensado antes de convertirte eb la defensora des las mujeres- rió con burlo antes de seguir- Ese apodo te lo han puesto todas las mujeres.- abrió los ojos todo lo que pudo y su tono cambio a solemne a la vez que de burla- Kaidomaru: la asesina que corta el viento- rió con ganas.
Le dediqué una de mis muchas miradas de advertencia a lo que ella se calló surante un momento antes de proseguir:
- Eres su única esperanza, tu puedes liberarlas, tu...
- Vale, vale - gruñí- Si lo que querías era ponerme nerviosa lo has conseguido asi que para de una maldita vez.
- Pararé cuando me cuentes quién sera tu próxima víctima.
Suspiré, aquella chica podía con migo y minaba mi autoestima.Asi que resignada la encare y comence a hablarle de mi plan
- Esta noche, los nobles celebran la fiesta de la cosecha, donde se encontrara el Emperador, el nuevo genereal, varios nobles de alto rango y mi proximo objetivo> Lord Fujiwara.
- !Fujiwara!!Pero si es el noble mas rico del pais y la mano derecha del Emperador!
- Exactamente pero, como crees que ha amansado dicha fortuna?- hice una mueca de asco- el muy cabron posee varios prostibulos con prostitutas menores de 14 a;os ademas hace varios dias oi comentar a unos guardias que se habia casado con una ni;a de 13 a;os escusandose bajo esta frase>"Cuanto mas joven es la mujer que esta a tu lado, mas hijos puedes tener". Cuantas de esas palabras crees que son ciertas?, yo te respondo, ninguna, la unica razon por la que ese tio se casa con una ni;a es porque disfruta acostandose con menores es un puto pederasta.
Pude observar como su cara formaba un expresion de sorpresa durante un segundo, pero por desgracia su silencio nos e prolongo mucho mas>
- Vaya nunca lo habria imaginado pero.... Como piensas acercarte a el lo suficiente como para matarlo?
-!Ja!!Por favor!-solte una gran carcajada que no pude contener ni un solo minuto mas- Maya, no me puedo creer que despues de tanto tiempo no conozcas a los hombres- me miro desconcertada asi que prosegui-Los grandes no hacen una fiesta sin invitar a unas cuantas putas y mucho menos el Emperador.
-Vas a ser la puta del Emperador?- respondio con los ojos totalmente abiertos.
- Exactamente- dictamine con una sonrisa maligna-Hoy Kaidomaru hará correr la sangre azul de los nobles y con tu permiso he de prepararme- me despedí mientras me dirijía al callejón hasta que me perdí en su oscuridad dejando a una Maya absorta y boqueabierta.
Capítulo 5
-Hoy, nos reuniremos para festejar la futura boda de Lord Fujowara, mi consejero y amigo más fiel- sus palabraras volvieron a interrumpir mi trance- Quiero que seas un invitado más a la celebración y que te asegures de capturar a aquella mujer para que pueda sufrir su destino: la horca.
Capitulo 6
Salí de la casa despacio, tenía demasiado tiempo además siendo una puta, el escalafón más bajo de la sociedad, no podía permitirme llamar la atención de los guardias.
Capitulo 7
Capítulo 8
Agradecí que la presentación fuese breve, no deseaba permanecer ahí más tiempo del que fuese necesario, asique saqué los abanicos y comencé una danza que distrajo a los presentes lo suficiente como para poder moverme con absoluta libertad.
Los dos objetos volaban entre mis manos de forma sensual y con cierta deliberación me dirijí al que sería el futuro esposo. Cerré uno de los abanicos con fuerza cuando me encontré a escasos centímetros de su rostro, haciendo que se sobresaltase. La excitación corría por su venas y no le importaba mostrarlo, otra muestra más de que los hombres no se merecían vivir.
Aprovechando uno de los movimientos de mi danza, deslicé la daga a través de la manga y antes de que pudiese hacer un gesto que me delatase, se la clavé hondo en el corazón, disfrutando del quejido que surgió de sus ya inertes labios.
Aquello marchaba mucho mejor de lo que había planeado en un principio, los invitados habían interpretado mi acercamiento a Fujiwara como un intento por darle "placer" y aquel grito como un gemido producto de éste, hasta el estúpido del general, que tanto revuelo había causado, me miraba fijamente como absorto en mi belleza.
Entoces el cuerpo inerte de aquel pederasta malanacido calló, llevándose así la calma y la tranquilidad, era la hora de escapar y burlar a la famosa guardia imperial, era hora de demostrale tanto al emperador como al joven ese recién llegado, quien era aquella a la que despectivamente habían apodado "Kaidomaru"
Capítulo 9
No tenía sentido pensar en eso, los contactos que poseían tanto el Emperador como aquellos nobles que en aquel instante me rodeaban eran incontables, podían consguir todo aquello que deseasen con un chasquido de sus dedos o menos.
Un gemido me hizo salir del trance al que me habían llevado mis propios pensamientos. La mujer que tanto me interesaba se había acercado a Fujiwara para realizar su trabajo y por la expresión que mantenía el noble nombrado parecía que lo estaba haciendo bien, no pude negar que deseé estar en su lugar en aquel instante. Pensamiento del cual me retracté cuando el cuerpo de la mano derecha de aquel al que servía cayó inerte, mostrando el puñal que lo había llevado al sueño eterno.
Alerté a los guardias cuando conseguí reaccionar, pero los hechos transcurrieron demasiado deprisa como para poder mantenerlos ordenados en mi mente. Sin permitir cualquier tipo de indentificación, la mujer sacó dos puñales más que lanzó a los soldados dándoles de lleno y un tercero que voló acariciando mi rostro dejando una lijera cicatriz en mi mejilla cuando lo esquivé por los pelos, poseía una precisión asombrosa.
Cuando quise darme cuenta se había escabullido por el tejado como una sombra capaz de caminar por todos lados y yo me ví obliagado a avisar a más soldados y seguirla, presa más de mi curiosidad y ansia, que de mi deber como general imperial.
Capítulo 10
Tardaron en reaccionar lo suficiente como para que sacase los cuchillos que llevaba escondidos en mis anchas mangas y acabase con los primeros que intentaron abatirme, siguiendo las órdenes de su nuevo general.
No podía permanecer ahí por más tiempo, los refuerzos no tardaría en llegar y aunque mi habilidad superaba en gran medida a esos vástagos qe servían al Emperador como ovejas a un pastor, el número se encontraba en mi contra en aquel momento.
Haciendo muestra de mi inusitada flexibilidad, me alcé por el techo con ligereza desapareciendo por el techo de la habitación, bajo la estupefacta mirada de todos los nobles y el supuesto general.
Recorrí algunos de los tejados torpermente debido a las limitaciones que aquel traje tan ceñido que no hacía nada más que hacerme sentir un objeto.
Rasgué la tela hasta por encima de las rodillas y la use para quitarme aquel maquillaje que empezaba a arder sobre mi rostro y deshacerme de aquel intrincado moño, que al igual que todo el disfraz, me estorbaba.
Una flecha se deslizó cerca de mi rostro emitiendo un silbido agudo y suave. Aquellos malditos esclavos me enpezaban a comer terreno y no podía consentirlo, mi orgullo no me lo permitía.
Traspasé patios y tejados intentado despistarlos, pero no era tarea fácil, conocían mejor el terreno que yo y debía admitir que estaba algo perdida.
Cuando me percaté de que ninguno de ellos continuaba siguiéndome me atreví a descender, cayendo en un patio interior de gran tamaño. Comencé a buscar el cmaino que me llevaría a la libertad, pero en un instante una sombra emergió de uno de los lados, haciéndome retroceder unos pasos en pos de poder esquivarlo.
Entonces la luna descubrió su rostro, aquel joven rostro que se había convertido en mi nuevo archienemigo alzaba su espada dirigiéndola a mi cuello, mientras con rapidez intentaba regular su respiración. No comprendía como podía haberme encontrado, pero había dejado una cosa clara: un combate estaba a punto de comenzar.
Los pasos de los guardias resoban cerca del lugar, indicándome que debía acabr con mi presa ya e irme, el riesgo que estaba asumiendo era demasiado grande.
Volví a arremeter pero no conseguí ni tan siquiera rozarle, cuando me esquivó mis ojos se entornaron y giraron a la izquierda, observando como los guardias se acercaban. Maldiciendo en silencio opté por esfumarme, bajo la mirada de sorpresa de aquel insulso peón, que bailaba al son del machismo, ya ajustaría mis cuentas con él, no dejaría que arruinase mis planes, tan cercanos al éxito.
Capitulo 11
No se movía de forma inconexa, sin rumbo fijo, parecía conocer cada detalle de la estructura que conformaba el palacio, de esa manera se había conseguido infiltrar, usaba sus conocimientos en contra nuestra y eso hacía que nunca antes se hubiese podído ni tan siquiera localizarla. Sin embargo una pregunta no dejaba de retumbar en mi mente: ¿Cuál es el motivo que impulsa a una joven a destruir su vida y manchar su alma y conciencia con un sin fin de asesinatos?¿Qué es lo que ansiaba conseguir?
Demasiadas preguntas sin contestación, que sólo con seguían despertar más aún mi curiosidad innata. Ansiaba saber su nombre, su procedencía, las razones que la llevaban a actuar así... todo.
El cambion brusco de dirección que tomó me ayudó a anticiparme a sus movimientos con mayor eficacia, al parecer su camino la llevaba hacia los pavellones del sector sur del palacio. De nuevo me había engañado, al parecer aquella mujer no tenían tan claro la forma de salir de allí como me había aventurado a suponer.
Mi rastreo no fue infructuoso, en un instante la ví descender de los tejados en el pequeño patio interior de las dependencias de las concubinas, seguramente usada como lugar ed recreo y ocio.
No esperé un segundo más, aprovechando el factor sorpresa, desenvainé mi espada y me lancé en su contra, siendo esquivado con dificultad. Siguiendo mis instintos alcé mi espada guiándola hacia su cuello pero entonces paré en seco, titubeante, preso del ensimismamiento.
La luna me había mostrado un rostro de extremada belleza y sensualidad, de labios rojizos y carnosos. Su tez pálida contrastaba aún más en la noche cerrada y sus ojos brillaban con fuerza, mostrando sorpresa e ira. No pude evitar perderme en ellos y en su rostro, ni en mis más profundas conjeturas había podido imaginar que tras la máscara de un asesino se pudiera esconder una critura tan hermosa como aquella.
Fuí empujado con brusquedad, había aprovechado mi profundo escrutinio, para conseguir cierta distancia y desenvainar sus armas, al parecer la había subestimado, era consciente a la perfección de todo lo que hacía.
- Entrégate-pronuncié seria a la par que divertido, debía de admitir que me divertía observar la turbación que experimentaba ante mi mirada, cargada de por que no admitirlo, deseo.
No recibí mas respuesta que un ataque por mi derecha que pude enseguida esquivar, al parecer no estaba dispuesta a atender a razones.
Se inició entonces una batalla en la que me dediqué a dirigir golpes certeros, los cuales esquivaba con dificultad, sólo su extraordinaria agilidad la salvó de una herida mortal.
Volví de nuevo a arremeter contra ella, sin conseguir alcanzar mi objetivo por los pelos, recibiendo un ligero corte en mi rostro que limpié de sangre en un instante.
Continuaba mirándola fíjamente, deseando saber la procedencia de toda aquella valentía y decisión. La escasa luz no me dejaba definir con precisión todos y cada uno de sus rasgos, pero continuaba obnuvilado por completo, aumentando su inquietud.
-¿Por qué luchas y arriesgas tu vida?- pregunté ansiando calmar parte de mi curiosidad, deseando desentrañar parte de los secretos que la rodeaban.
Ella continuaba mostrando una actitud hostil, desafiante y desconfiada que solo aumentaba mi deseo por tenerla más cerca. Era consciente que aquellos pensamiento no eran correctos y que no debía dejar que anidaran en mi mente, pero aquella mujer había trastornado mi esquemas, todos los años de entrenamiento y lealtad con apenas una mirada y ya era demasiado tarde para impedir que se adueñara de mi mente.
- ¿Por qué arriegas tu vida?- volví a preguntar, ansiando desesperadamente una respuesta, pero sobre todo anhelando saber como era el tono de su voz.
- Todo esto tiene que cambiar.
Aquellas palabras cortantes y carentes de mensaje encajaban a la perfección con su personalidad, como habia imaginado, su voz también era de lo más hermosa, aunque anduviera oculta bajo el resentimiento, el odio y el resquemor.
- Hay muchas formas en las que las leyes puden cambiar. No es necesario tanto derramamiento de sangre y de esta manera tan absurda- ¿Cuándo había comenzado a preocuparme el por qué guiaba sus pasos por aquel camino?- ¿Qué obtienes tú de esto? Lo único que conseguirás será acabar en la horca.
Tal era mi concentración en aquella mujer, que apenas me di cuenta de que mis compañeros estaban ya cerca de nuestra posición. Los castañeteos de las armaduras al correr sonaban cada vez con más furia, dando a entender de que en apenas unos segundos estarían allí.
Apenas tuve tiempo de reaccionar, un cuchillo pasó silbando cerca de mi oído, rasgando parte de la piel de mi rostro. Aquella maniobra de distracción en la cual había caído como un insulso principiante le sirvií para desaparecer de mi vista. Como había aparecido utilizó sus habilidades sobrehumanas para alejarse del lugar del crimen arropada por la oscuridad.
Cuando los refuerzos llegaron no supe que responder, por un lado debía decirles cual era el rostro de la asesina más buscada, eso era lo que mi sentido de la honradez, pero otra parte, más alejada de mi raciocinio me obligaba a cerrar los labios y callar.
Tras años de trabajo, por una vez en la vida me encontraba en una encrucijada.
Capítulo 12
Mis pies parecían volar sobre los tejados de los barrios más ricos, que circundaban el ahora asesinato de el mejor amigo y aliado del regidor de la ciudad.
Cuando estuvo segura de porder caminar entre el gentío sin llamar la atención, decidí descenderal suelo, sin bajar la guardia. Los soldados continuaban tras mis pasos, por lo que tuve que valerme de las sobras de las casas para poder ocultarme de ellos.
Los callejones hacía los barrios marginales no se encontraban ya muy lejos, pero para mi desgracia el barrio más concurrido de la ciudad se encontraba en medio del camino.
Los prostíbulos de lujo, los sitios de reunión donde los hombres reían y bebían mientras sus mujeres estaban en casa, hacían que aquella calle nunca estuviese bacía. Borrachos o no, decenas de personas caminaban por aquel empedadro lacrado, profiriendo obscenidades o soltando chiste faltos de imaginación.
Por suerte para mí, sólo un burdo borracho se dio cuenta de mi presencia y con gracia y destreza le aselté un golpe en la nuca, dejándolo incosciente en un rincón.
Ya me encontraba fuera de peligro, por aquellos barrios malgastados, sin pintar, los cuales olían a orina, nadie se atrevía a pasar salvo los pobres diablos que vivían allí.
Cuando llegué a mi guarida, ya que no había otra forma de describirla, hice un fuego y arrojé los restos del kimono ensangrentado a las brasas.
Bastantes pistas había dejado aquella noche como para añadir cualquier más.
- ¿Qué ha ocurrido?- Maya me sorprendió cuando me encontraba cambiándome de ropa y deshaciéndome de los cuchillos para poder limpiarlos.
- Nada, las cosas se han complicado un poco. Me he visto obligada a dar un rodeo- le respondí restándole importancia.
- ¿!Qué no pasa nada?!, !Media ciudad te está buscando en este momento y tu me dices qué no ocurre nada! !Dime ahora mismo que es lo que ha ocurrido en el palacio!¿ No se supone que iba a ser un trabajo sencillo, sin posibles contratiempos?
Estaba histérica, gritaba a todo pulmón y mi cabeza no podía soportar en alquel momento tanto grito junto.
- Maya, hazme un favor y cierra el pico. Lo último que necesito en este momento es que tú te dediques ha darme lecciones - ante aquello no tuvo más remedio que callar- Mira, el plan era perfecto. Había conseguido engañar a todos, incluso al gran yogurín del Emperador, pero subestimé las capacidades de ese muchacho y me ví obligada a luchar contra él, cara a cara en un duelo.
Pude ver su cara palidecer incluso bajo la tenue luz de las brasas.
-¿Quieres decir, que te vio la cara?- me susurró.
-Si, respondí simplemente, mientras me deslizaba una nueva yukata por los hombros.
-¿Y qué es lo que vas a hacer ahora?- me habló- ¿Eres consciente de que en cualquier momento el Emperador sabrá de tu identidad?
- Si, por eso no puedo dejar que siga con vida- la até con delicadeza- Llámame idiota, pero ese chaval no va a desvelar mi identidad de la noche a la mañana, ya que por lo que pude comprobar, la curiosidad sobre mi se ha apoderado de él. Eso me da el suficiente tiempo para volver a retarlo y esta vez, no dejaré que salga del duelo con vida.
- ¿Por qué no desistes y te marchas de aquí, a un lugar seguro?
- ¿Y quién cuidaría de ti si yo no estuviera?- me giré y le dediqué una sonrisa- Juro que aunque sea capturada, tu nombre no saldrá de mis labios, por lo que nunca darán contigo, pero antes de eso, he de asegurarme que vivas un mundo muy distinto al de ahora, donde seas respetada.
Casi llorando se acercó para darme un fuerte abrazo. Yo correspondí intentando insuflarle algo de mi fortaleza.
- Todo saldrá bien- le prometí al oído aunque no estaba segura de que aquello se fuese a cumplir, no mientras aquel hombre siguiese con vida.
Capítulo 13
Era comprensible, acababa de perder a su mejor amigo y su mano derecha. Agradecí en silencio no haber podido dormir, porque estaba seguro de que sólo habría podido pensar en ella, en sus ojos.
Seguía sin comprender cómo una mujer tan bella había podido elegir un estilo de vida como ese. Para ella la vida era una lucha constante, matar o ser asesinado, esa debía ser su política.
Intenté ponerme presentable, me quité la armadura llena de barro y me puse una yukata limpia, al parecer el Emperador deseaba verme.
No sabía que hacer. Mi deber era informar rápidamente de la identidad de aquella asesina, pero me veía incapaz de hacer algo por el estilo. Cada vez que me imaginaba sus ojos vacíos en el patíbulo, mientras su cuerpo inerte era baanceado por el viento, mi corazón se hacía más pequeño.
Era estúpido querer proteger a una persona a la que nunca habías visto y que probablemente comenzaría a ir tras tu cabeza. Sin embargo algo dentro de mí me obligaba a hacerlo, porque una parte de mí se sentía responsable.
Mientras caminaba por los largos pasillos decorados con tapices me imaginaba cuánto debía de haber sufrido y en qué condiciones le habría tocado vivir. Una mujer no lo tenía nada fácil en aquella sociedad, pero ella parecía haber podido sobrevivir sin necesidad de nadie. Otro aspecto más que hacía que mi curiosidad sobre ella aumentase.
Tuve que esperar ante la puerta de la gran sala unos instantes. Intentaba calmarme, aparentar serenidad, pero no podía quitarme sus ojos de la cabeza.
Cuando al fin entré, realicé una reverencia y esperé a que se me permitiera estar en pie. Fu gi Mao no parecía contento y no me extrañaba.
- Los guerreros cuchichean, dicen que te enfrentaste cara a cara a Kaidomaru en uno de los patios interiores- maldita sea, ¿cómo habían sido capaces de enterarse? Odiaba lo poco profesionales que podían llegar a ser los soldados- ¿Es cierto?
- Si así es, pero lejos de lo que puedan imaginar, no puedo deciros cuál es su aspecto. Es demasiado astuta. Al saber que la estaban persoguiendo tapó su rostro con los restos del vestido que se puso para engañarnos, así que lo único que pude ver fueron sus ojos. Lo lamento.
- Me importa muy poco lo que vieses, pero necesito que la encuentres ya. La muerte de Fujiwara es un grave insulto hacia mí, mucho más que los anteriores asesinatos. El pueblo comienza a rebearse, ya he tenido que hacer acopio de parte de mi guardia para poder disiparlos, todo por culpa de una jodida y amargada mujer.
"Quiero que muevas cielo y tierra para encontrarla y tienes mi permiso para hacer todo lo que sea necesario. Si te ves obligado a matarla, hazlo, sólo asegúrate de traerme su cabeza para poder colgarla en la plaza mayor y así mostrale al pueblo mi poder"
Sólo asentí, sabía que si habría la boca vacilaría. Regresé a lo que se suponía que eran mis aposentos, mientras mi conciencia me acosaba. Estaba tan absorto que casi no pude esquivar un cuchillo que pareció de la nada, clavándose en el trnco de uno de los bonsáis del jardín.
Rápidamente busqué al autor del ataque pero sólo fui capaz de ver a una sombra alejarse con rapidez. El cuchillo llevaba un mensaje y no había que ser muy inteligente para comprender quién era el destiantario.
La nota era muy clara: "Te espero a media noche en el claro de la luna cerca del río, disfruta de tu última noche en el reino de los vivos, general"
Era el momento de obtener las respuestas que tanto necesitaba.
Capítulo 14
Si, a parte de ser un cabrón, mi padre tenía muchos enemigos producto de sus malas compañías y trapicheos. Vamos, lo que es un buen partido.
Se me hacía raro pensar en ellos y más verlos como personas unidas a mí por sangre. Genial, me estaba empezando a ablandar y no se si aquello era recomendable, aquella noche debía cortar un gaznate.
En el filo de la hoja, podía ver reflejado mi rostro, pero pronto se volvió borroso y comencé a ver todas las caras a las que había asesinado.
Las imágenes eran bastante nítidas y transcurrían a gran velocidad.
Dejé la daga con cuidado en el mueble, aunque en realidad quería arrojarlo a algún punto de la habitación. Me estaba volviendo majareta, no, mucho peor, comenzaba a tener pena por aquellos bastardos.
No estaba dispuesta a admitir que tenía la culpa de algo, así comencé a maldecir entre dientes el nombre del nuevo jueguete del Emperador.
Era raro estar rodeada de tanto silencio. Normalmente la voz de Maya era dueña de cualquier lugar en el que pusiese los pies. Sólo sabía hacer dos cosas, trabajar y darme sermones sobre seguridad y moral. Para ella todo lo que hacía estaba mal y por ello iba a ir al submundo siendo devorada por bestias feroces toda mi nueva vida inmortal.
Recordar con exactitud la voz y la expresión que utilizó para decirme aquello me hizo esbozar una sonrisa. Era la única que había conseguido hacerme reír, aunque lo que más le gustase fuera enfadarme.
Una vez estuve a punto de clavarle un cuchillo en el cuello. No lo hice a posta, bueno un poquito sí, me estaba poniendo negra hablando de espíritus y maldiciones, pero podría decirse que fue un autoreflejo.
No me hacían falta ni ella, ni el nuevo y remilgado amante del Emperador para saber que la forma en la que estaba haciendo las cosas no era la más indicada, no obstante, mi sed de venganza me inpedía tomar otro camino.
Sentía placer al ver como la luz de sus ojos se extinguía y planear cada golpe, a parte de ponerme los modelitos le daba cierta gracia.
Muy en el fondo, lo hacía por Maya, y por chicas como ella, se merecían un futuro que pudiesen controlar, tener autosuficiencia. Jamás iba a admitir eso, ni siquiera aunque me torturasen, era demasiado embarazoso y ñoño.
Volví a posar mi vista en aquellas armas, mis mejores amigas, incluso podría llamarlas hermanitas. Gracias a ellas mis planes se estaban desarrollando satisfactoriamente, e iban a ser quienes sacaran de mi camino a aquella piedra gorda y con armadura.
No me iba a engañar, tenía mucha curiosidad hacerca de aquel chico. Muchas preguntas me acosaban a todas horas y bailaban en mi cabeza. ¿Por qué no me delataba?¿Cual era la razón por la que me dijo todas aquellas cosas durante nuestro encuentro en aquel jardín?
Quizás la más perturbadora y la causa de que no quisiese ninguna respuesta, era por qué cuando lo miraba mi corazón latía fuertemente, por qué respondía sus miradas con vehemencia, como si lo estuviese devorando. Claro que no eran nada comparadas con las suyas. Nada más verle supe por primera vez en mi vida lo que se siente cuando te comen con la mirada. Lo que me llamaba más la atención era que sólo con mirarme a los ojos se encendía, en ningún momento había mirado otra parte de mi cuerpo.
¿Un caballero? Nah, imposible aquello no existía y menos en donde yo vivía y a los pies del cochino del governador.
Debía dejar de pensar en gilipolleces, no me convenía, el era carne de cañón, practicamente cadáver, nada más.
Nuestra "relación" iba a concluir de la misma forma en la que empezó: bajo la luna.
Capítulo 15
Intenté esquivar sus preguntas con respuestas vagas e imprecisas que podrían haber correspondido a cualquier criminal común y corriente, pero no parecía dispuestos a rendirse. Tenían mucha curiosidad por saber si todas las leyendas que circulaban sobre ella eran ciertas, olvidaba que acababa de convertirme en leyenda: era la primera persona que había estado lo suficietemente cerca de Kaidomaru como para dar un descripción, si ha eso le sumabas el hecho de que casi había conseguido atraparla....
Viendo el espectáculo que se presentaba ante mi no me extrañaba nada que no hubiesen conseguido ningún progreso antes de mi llegada, emborracharse a sake mientras celebraban el ahorcamiento de una persona a la que ni si quiera estaba seguro de que pudiese atrapar. La prueba estaba en que aquella noche me había citado con ella y no lo había comunicado.
Debería avisar al resto, era algo que mi mente no hacía más que repetir, pero en aquella orgía de alcohol de mi boca no salió una palabra. Necesitaba hablar con ella, comprenderla. Sonaba absurdo lo sé, pero parte de mí no conseguía entender cómo aquella mujer, de extrema belleza, había acabado asesinando a políticos de manera tan elaborada y sobre todo cómo había rendido a luchar de aquella manera, a moverse así.
Sus habilidades llevaban intrínsecas un entrenamiento intenso y muchos años de práctica que pocos conseguían superar con éxito y que por supuesto, en esta sociedad, estaba vedado para las mujeres. Decían que no era algo que las mujeres necesitasen saber para desarrollar una vida normal, pero siguiendo esa misma lógica, ¿qué hombre ajeno al ejército si la necesitaba?
¿Sería lo suficientemente fuerte como para poder contrarrestar sus golpes y obtener las respuestas que necesitaba? ¿Moriría allí? Todo era demasiado complicado.
En cierto modo estaba loco, citarme a solas con una asesina de élite que no parecía tener escrúpulos era una condena a muerte, sin embargo lo esperaba con ansias, le estaba entregando mi vida en bandeja. Quizás debiera nombrar un sustituto por si acaso o quizás hacer una última voluntad....
¿En qué estaba pensando? ¿Ya me había rendido? Si no tenía ni siquiera confianza en mí mismo si que me iba a ir mal.
Antes de que la luna estuviese en el centro del cielo yo ya había conseguido escabullirme. Sigiloso, me había deslizado rodeando los cuerpos dormidos de mi subordinados y había tomado el tejado como camino para llegar a mi destino. Intentaba que mis pies no emitiesen ruido al hacer contacto con las tejas, no quería echarme a la guardia real encima también.
El claro elegido era un sitio estratégicamente perfecto, sobre todo para tender una emboscada. Los altos juncos que crecía al lado del río se unían con la espesa vegetación ocultado todo lo que se encontraba detrás. No obstante el terreno era llano y seco, impedía que pudieses resbalarte y caer, lo único que podía salvarte era tu habilidad.
Mis reflejos fueron muy lentos, no pude girarme a tiempo para esquivar la fuerte patada que me dio en las espalda, arrojándome varios metros hacia delante. Golpeé de frente con uno de los árboles antes de caer al suelo, esperaba tener todos los huesos en su sitio, tenía más fuerza de la que había calculado.
Me levanté con toda la dignidad que pude para encararla, había vuelto a cubrirse el rostro, aún así aquella mirada perturbadora brillaba con más intensidad que la última vez, parecía atravesarme.
- Pensé que al menos saludaríamos al rival antes de empezar con los golpes- que la boca me supiese a sangre no era una buena señal.
- Piensas demasiado- su voz no era áspera o fría, sino más bien suave y cálida, se estaba divirtiendo- Y si de verdad aprecias en algo tu vida te olvidarás de los formalismos, si no, me temo que no tendrás ni una sola oportunidad contra mí.
No era altanería, simplemente constaba un hecho, no necesitaba ver por completo su cara para saber que tenía razón.
Capítulo 16
No se movió, el golpe que le había dado no había tenido suficiente fuerza como para romperle algún hueso... por desgracia.
Hubiera sido demasiado fácil inhabilitarlo y eso le habría quitado gracia al asunto, me había tocado mucho los cojones, iba a disfrutar todo lo que pudiese de su humillación.
Con rapidez volví a estamparle mi pie en su cara, aunque esta vez pudo protegerse mejor. Le sangró el labio y por primera vez pude ver odio en su mirada. Espero que eso significase que iba a empezar a moverse, no tenía ganas de estar toda la noche despierta, las ojeras no me quedaban bien.
- Te lo repito, si piensas estás muerto. Yo no soy un ladronzuelo de esos a los que estás acostumbrado a apresar en tu pueblo por robar un par de vacas.
-No te permito que hables así de mis raíces, mi pueblo puede que fuese pequeño pero se merece respeto.
-Pérdoneme usted, pero no suelo respetar a nadie, la costumbre- volví a arremeter pero esta vez me bloqueó.
Cogió mi muñeca con el fin de inmovilizarme pero fui más rápida, obligándole a repeler otra de mis patadas, aproveché para recular unos cuantos metros. Era hora de replantearse la estrategia, al parecer la cosa no iba a ser tan sencilla.
- Te repito que no he venido a luchar contigo- no pude evitar reírme a carcajada limpia, eso era lo más absurdo que había escuchado en años y eso que tenía unos cuantos.
-Entonces, ¿qué haces aquí?, ¿eres sonámbulo, tienes resaca o simplemente eres tonto?
-¿No puedes ser amable?, unas palabras educadas no hacen daño a nadie- bufé mientras continuaba riendo, lo que me faltaba, recibir clases de educación de ese imbécil.
- Con los hombres no, debe de ser un defecto de nacimiento- esta vez fue él quien me atacó por detrás, me agaché y le intenté inmovilizar, pero acabé llevándome un buen puñetazo en el estómago. Tosí levemente, no había estado mal.
-Entrégate por favor, o ésto puede acabar muy mal.
- ¿Y cómo acabará todo si lo hago? Porque me parece que el resultado sería el mismo.
- Yo intercederé por tí, no te pasará nada, sólo tendrás que sufrir un pequeño castigo por los crímenes que has cometido.
-Qué amable, pero me negaré- la desesperación brilló en sus ojos a medida que su mano se acercaba peligrosamente a la katana que llevaba colgada a la espalda- Yo lo único que he hecho es hacer un favor a las gentes de este lugar, gracias a mí la sombra de la revolución crece en las calles, pronto a los nobles se les acabarán los privilegios. Con una persona pueden poder pero no contra todo la ciudad, bueno, siendo mi caso ni eso. Que hayas tenido que venir es una muestra de ello.
- Entonces no me dejas elección- desenvainó la katana con agilidad, la hoja brillaba bajo la luz de la luna, en el filo podían leerse ciertos gravados- Tendré que llevarte por la fuerza, viva o muerta.
No abandoné mi sonrisa ante su mirada felina, no era tan estúpida como para haber venido desarmada. Saqué los cuchillos de sus fundas y me puse en posición de ataque.
Mi postura fría y distante estaba dando sus frutos, sólo tenía que mantenerla hasta que consiguiera desgarrarle la garganta, no debía darse cuenta que sus ojos y pañabras despertaban sentimientos contradictorios en mi corazón. Como le odiaba, no podía aceptar que un hombre pudiese domirnarme, no después de tantos años de lucha y sacrificio.
1 comentario:
Aquí estoy!Seguidora expectante de lo que pase con pitufin y pitufina xD
Ya no puedes quejarte :P
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